viernes, 2 de noviembre de 2012

.... y un Padrenuestro

   
En herencia, además de su nombre,
cerca del camposanto
le dejó una viña el abuelo.
"Así cuando pases a visitarla
rezas por mí un Padrenuestro"

Felipe se llamaba mi padre
y así se llamaba su abuelo.
Y no sé si por llamarse igual
debían ser del mismo pensamiento.
Solían decir ambos
que las flores se marchitan,
se las lleva la gente ó el viento.
"Si vienes a visitar mi tumba
reza por mí un Padrenuestro"

¡Los Padrenuestros que habré rezado
ante la oxidada cruz de hierro!
Esa escueta y negra cruz anclada
en seco y duro suelo, en la que,
cuando paso por el pueblo
dejo entrelazadas
dos rosas y un Padrenuestro.

Imagen y texto: María.

3 comentarios:

Francisco Espada dijo...

¡Muy acertado!
Las flores las aja la intemperie y las horas; el Padrenuestro lo recibe Dios y da fruto en sus manos. Preciosos sentimientos y poema.
Besos

María (lady) dijo...

Gracias! Francisco.
Un beso.

Chelo dijo...

Esoy de acuerdo con vosotros las flores son bonitas pero efímeras, el Padrenuestro va a buscarlos directo. Un abrazo