viernes, 8 de junio de 2012

EL ROSAL DEL ABUELO


El abuelo nació recién estrenado el siglo pasado, un 11 de Noviembre, día de San Martín de 1902. Era un hombre sencillo, de campo, tenía las manos más grandes, duras y encallecidas que yo haya visto nunca. Pero tan suaves como terciopelo cuando me llevaba de la mano.

Recuerdo que trabajaba en la serrería. Ese era el trabajo de horario fijo, porque no era esa su única ocupación. Cada temporada tenía su trabajo ocasional; en Julio tocaba siega y trilla, en Agosto vigilar las viñas, en Septiembre-Octubre llegaba la vendimia, en Noviembre la matanza ....  y así según el mes y la estación del año.  Lo recuerdo con su boina, el pantalón azul mahon, el olor a serrín y la barba de cuatro días. Eso entre semana, porque los domingos ... ¡ay los domingos!. El domingo el abuelo era señor más guapo, mejor vestido y con los zapatos más relucientes del mundo.

Además de todas esas cosas el abuelo arreglaba todo lo que se estropeaba en casa,  mesas, banquetas, la cuna de mi hermano pequeño, ponía el asiento nuevo a las sillas, hacía cestos de mimbre .... 

Al abuelo también le gustaba mucho leer y mas de una y dos veces me dormí escuchándole. Pero, aunque también estábamos allí y leía para todos, el abuelo sobre todo leía para la abuela. La abuela no pudo ir a la escuela y nunca aprendió a leer.

Tambíén tenía un huerto donde cultivaba verduras y hortalizas para casa. Había tomates rojos y grandotes, pimientos verdes, acelgas, alcachofas, las cebollas más grandes y ricas que yo he visto ....  Pero no todo eran zanahorias, pimientos ajos y tomates. El abuelo cultivaba flores junto a la tapia del huerto y en primavera y verano siempre había flores frescas en casa, sobre todo rosas, las de su rosal favorito.

Cuando el abuelo se jubiló y dejó el pueblo (para cuidarnos a nosotros y estar cerca de sus hijos) en una de las visitas al pueblo se trajo un pequeño trocito de su huerta; un esqueje de su rosal, y lo plantó en el pequeño espacio verde que hay frente al piso que compraron mis padres.



Cada mes de mayo cuando voy a casa y siento el aroma de sus rosas es como si el abuelo me llevara de la mano. Hoy mi madre me ha traido un pequeño ramito; "para que las pongas en tu mesa de trabajo", me ha dicho.

Abuelo ¡gracias! por llevarme de la mano, por el cariño, por enseñarme a leer, por las rosas, por tantas cosas ....  GRACIAS!

Imagen y texto: María

8 comentarios:

Francisco Espada dijo...

Hubo un momento en el que me perdí, María; me perdí porque no sabía si leía o recordaba: el abuelo, su huerta, sus destrezas, sus lecturas...
Un bello recuerdo y una bella dedicatoria. Besos.

Chelo dijo...

María al leerte he sentido envidia, yo, no conocí a mis abuelos.
Un bonito y enternecedor recuerdo. Un abrazo

Edurne dijo...

Ay, lo de los abuelos a mí me pone tiernísima... tengo mucho para recordar de todos, hasta los 41 fuí nieta, así que imagina!

Muy enternecedor este relato de tu experiencia!

Muxutxuak!
;)

María (lady) dijo...

Francisco: Me alegra haberte traido buenos recuerdos.

Chelo: a veces las más pequeñas cosas te traen recuerdos muy queridos de la niñez, y yo estuve desde los 3 años hasta los 10 viviendo con mis abuelos. Tuve el privilegio de conocerlos bien.

Edurne: Te gano! Yo fuí nieta hasta los 45 ... Los abuelos son algo especial. A veces me pregunto si seré abuela y ¿cómo seré?.

Muchos besos a los tres!! y buen domingo.

Roberto Esmoris Lara dijo...

ay, my Lady, qué hermosa es la vida cuando los abuelos se convierten en rosas. Tu relato es como una metáfora de la "patria feliz" que a veces se nos pierde en la neblina.
El abrazo más cálido, hermanita de alma

Roberto Esmoris Lara dijo...

ay, my Lady, qué hermosa es la vida cuando los abuelos se convierten en rosas. Tu relato es como una metáfora de la "patria feliz" que a veces se nos pierde en la neblina.
El abrazo más cálido, hermanita de alma

María (lady) dijo...

¡Hay tantas neblinas en las que se nos va perdiendo a cachitos ...!!

Qué bueno sentir tu presencia en mi escalera.

Un abrazo (crujiente)

Pedro dijo...

Precioso homenaje y precioso recuerdo.
¡Gracias, María, por compartirlo con nosotros!
¡MUAC!