
A veces son buenas esas cenas que nos programan una vez al año porque sí. Porque hay que celebrar al Santo Patrón de nuestro oficio, porque es tradición, porque ....... ¿por qué hace falta un porqué???
El caso es que salimos del trabajo, vamos a casa y nos ponemos guapos. Y nos volvemos a reunir una hora más tarde pero ya en otro ambiente y con otro ánimo. Soltamos el lastre acumulado en el trabajo, hacemos bromas, recordamos anécdotas, contamos chistes, nos reímos .... y a los postres ¡hasta cantamos!